A veces es suficiente con una respiración entrecortada, con un destello de luz inesperado, o un sujeto desconocido cerrando una puerta. Otras veces tan sólo es la redundancia el detonante, la repetición, el ruido monótono reproduciéndose una y otra vez. Y entonces, despega, impulsado por una fuerza casi sobrenatural. La desconexión es inmediata, y el cerebro se desprende del cráneo como globo de helio queriendo escapar hacia arriba. Es una sensación cuya descripción necesitaría de matices sintácticos que aún el lenguaje no posee. El autista intermitente, aquel que necesita huir de la realidad por momentos, no concientemente, es un proceso interno, automático, casi un reflejo de supervivencia mental. Mente que se evade a tiempo, sirve para otra invasión de realidad, dice el dicho. |