Orfeo seduce a dioses y perros nocturnos con su lira, con su canto: su arte. Desciende y enciende las tinieblas. No asciende de lo bello a la belleza (itinerario de la razón, eros platónico), desciende hacia la belleza de lo bello. De lo abstracto a lo concreto, de la luz a la oscuridad. También a la fuente: A la promesa.
Descenso a lo arcaíco, al inconsciente humano a través del deseo de recobrar a Eurídice: alteridad. Belleza. La reunión del amor: la unidad. Lo perdido.
Deseo de reunir los bordes de la dualidad, de la herida: yo-tú, sueño-vigilia, vida-muerte... Dualidad no conceptual, preconceptual: herida del deseo.
Deseo de lo imposible o lo imposible como deseo. Como posibilidad extrema, inicial. La que se abre brecha en lo posible: fuente, manantial. Grieta para la razón y apertura para el deseo, el deseo que agrieta la opacidad de la razón.
Euridice, su libertad de los infiernos, es un don de los dioses, o los demonios a Orfeo. Un don a su finitud: condicionado. Orfeo no debe mirarla hasta no salir de las sombras, hasta no estar en la luz terrenal.
Tal la gracia: tal la ley del don.
Misterio del deber ínsito en todo placer. La ley o condición: lo otro en lo mío. Lo otro de mí.
Nadie puede ver a Dios y vivir, advierten los profetas bíblicos, contemplar la luz de los dioses sin arder, como supo Semele cuando cayó fulminada ante el consentimiento de su amado Zeus de mostrarle su esplendor.
Nadie puede atravesar el infierno sin salir condenado, aprende y nos enseña Orfeo.
Orfeo, que encantó dioses, ahora es seducido por él, por otro dios: la objetividad. el ídolo de lo presente Lo posesión.
La lógica diurna, el conocimiento que sólo conoce presencias, presencias representadas, dominadas, que, a diferencia del oído, no capta ausencias, no sabe de posibles.
Se oye lo que llega, se mira desde sí. El oído recibe, la mirada impone.
Mira lo que es, lo que tiene, y pierde el don de lo que será. Mira hacia atrás, a la sombra que le sigue, la sustantiva representación: imagen. Imaginario, no simbólico, advertiría Lacan.
Peril, no rostro. Acto de representación: reflexión objetivadora. Asimiladora. Registro especular. Costra del concepto que ya no fluye: borde sin desborde.
Cicatriz, no surco. Miedo que paraliza: sustantivación del tiempo verbal: seguridad. Presencia agotada presente.
Luz sin relámpago, sin su tajo irreductible. Su desborde de sí.
Orfeo, en definitiva, quiere la presencia de Eurídice, el otro, sin su alteridad de ausencia. Al otro sin lo otro de sí.
Name: Brenda Home: Mar del Plata, Buenos Aires, Argentina Sobre Mi: Oh si, podría escribir tanto...! bueno, no, en realidad no porque hay hasta 1200 caracteres, y me siento demasiado limitada, así q voy evitar una descripción amplia de mi y sólo voy a decir, que yo soy así, como ella, la que escribe. Ver mi perfil completo