Por qué será que a veces uno se siente tan pleno con tan poco, ése adorado empirisimo que se hace tan cierto de a ratos:
El olor a nafta mezclado con humedad de los garages. (Que hace que te olvides...
inspirás, exhalás, inspirás... exalhás, inspirás... sabés que un viejo desde adentro te mira, pero confiás en que entienda) (Pero hay que seguir caminando, uno no puede quedarse a vivir en el garage... ¿O sí? No, no, hay que seguir. Seguís caminando con la ilusión de que el olor permanezca, pero sabés que no.)
Ese olor a pasto mojado después de la lluvia. (Que hace que nos sintamos más cercanos a nuestros antecesores. Olor que detona toda una gran secuencia de imágenes dispuestas desordenadamente a modo de collage: Ingalls – Campo – Abuelos – Ovejas – Mariposas – Flores)
Ese mate con la yerba adecuada y el agua a temperatura exacta, con la cantidad de yerba ideal y el termo que no deja que se enfríe rápido el agua. (Que hace que el tiempo parezca prescindible... Hasta que la yerba se lava, y el agua empieza a enfríarse. El golpe con la realidad, el tiempo que no perdona) |